
Ayer murió el dictador chileno Augusto Pinochet. A sus 91 años sufrió una crisis cardiaca contra la que los especialistas de la unidad de cuidados intensivos del Hospital Militar de Santiago no pudieron hacer nada.
Las reacciones no se hicieron esperar en Chile. Por un lado, enfrente del hospital se daban cita unos 4000 seguidores que, ataviados con banderas y cantando el himno nacional, lloraban la muerte del que fuera gobernante del país entre 1973 y 1990. Mientras tanto, miles de concentraciones espontáneas inundaban Santiago, brindando con champán al grito de ¡asesino, asesino!
Su funeral está previsto para mañana a las once, hora local, en el Patio de Honor e la Escuela Militar de Santiago. Recibirá los honores correspondientes a su antiguo y legal puesto de jefe de las Fuerzas Armadas, pero en ningún caso como Jefe de Estado. La actual presidenta, Bachelet, no acudirá a ninguno de los actos oficiales (sufrió en primera persona los abusos del dictador), por lo que la representante oficial del Gobierno será la ministra de Defensa Vivianne Blanlot.
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